La logoterapia concibe al ser humano como compuesto por tres dimensiones esenciales, que se corresponden con los planos somático, psíquico y espiritual. Frankl explica que estas dimensiones “se penetran entre sí con la misma perfección que las tres dimensiones espaciales longitud, anchura y altura” es decir no son excluyentes ni están superpuestas. Según Frankl, el plano somático es común a personas, animales y plantas; el plano psíquico existe en personas y animales; por último, el plano espiritual es “el propiamente humano” (cfr. E.Lukas, Logoterapia, p.26-7).
La psicoterapia, explicaba Frankl hace más de medio siglo, “sigue padeciendo las consecuencias de proyecciones improcedentes” del plano espiritual al psíquico. Es decir, Frankl en su práctica médica observó que una gran parte del malestar (expresado en el plano psíquico o somático) de la persona proviene del plano espiritual -de cuestiones relacionadas con el sentido de la vida, la culpa o el vacío existencial- y es malinterpretado como un problema “psíquico”. Consecuencia de “reducir lo espiritual a lo psíquico”, para Frankl, es que se “despoja al ser humano (al menos teóricamente) de su propia responsabilidad y lo abandona a su destino”. La logoterapia considera que “el paciente comparte –siempre que su dimensión espiritual continúe estando sobre todo “abierta”- la responsabilidad de su curación y también tiene libertad para destrozar su vida(…)” y esto le lleva a uno de sus principios terapéuticos fundamentales: “hay que prestar ayuda, pero no eximir de responsabilidad” (cfr. E.Lukas, Logoterapia, p.38).