PRESENTACIÓN

La red está llena de información, tanta que es muy fácil perderse en ella. Seguramente lo que pueda escribir ya está dicho en algún otro sitio. Sin embargo, me he decidido a hacerlo porque disfruto con ello y porque, quién sabe, quizás alguien pueda encontrar aquí algo que no habría leído en otro lugar. El propósito de este blog es compartir reflexiones personales e "intercambiar conocimientos" relacionados con la psyché, el alma o el "ser persona". Os invito a enriquecer mis entradas con comentarios, preguntas o sugerencias.



sábado, 1 de septiembre de 2012

Trastorno límite de personalidad ¿identidad o enfermedad?

En un artículo anterior (accesible a través del enlace colgado el 25/08/12) exponíamos la polémica acerca de la “existencia independiente” del Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) como entidad propia. A partir de multitud de estudios se ha llegado a la conclusión de que, en efecto, a pesar de aparecer asociado a gran cantidad de trastornos mentales, el TLP posee características propias que permiten diagnosticarlo de manera independiente. En pocos meses saldrá probablemente a la luz la nueva versión del Manual Diagnóstico de trastornos mentales (DSM-V) y todo parece indicar que el TLP no ocupará el mismo lugar que ocupa actualmente en las clasificaciones.

Independientemente de la cuestión de las clasificaciones que, en principio, vienen siendo trabajadas por expertos, cabe plantearse: con las características que ya conocemos sobre este trastorno, ¿es el TLP una enfermedad o una forma de ser? No es una pregunta intrascendente y la respuesta a ella puede condicionar en buena parte los tratamientos elegidos para “curarlo” o “paliar sus síntomas”.





El TLP presenta características peculiares que llevan a cuestionar su “categoría” de trastorno de personalidad: por ejemplo, los trastornos de personalidad se consideran una “forma de ser” estable, rígida, invariable, y sin embargo se ha observado que el TLP es característicamente inestable en el tiempo, si bien es más estable que otras enfermedades mentales como la depresión mayor. Algunos autores han señalado que, mientras que otros trastornos de personalidad no suelen mejorar o incluso pueden empeorar, para el TLP suele existir mejoría (siempre que no se quite la vida antes). Esta supuesta mejoría entraría en colisión con el concepto de TLP como un trastorno con rasgos desadaptativos persistentes, y lo acercan más al de estado y enfermedad descritos en el DSM-IV-TR.

Por otro lado, parece tener mejor pronóstico que otras enfermedades mentales graves, como el trastorno bipolar. A este respecto, las fluctuaciones en el ánimo típicas que presentan las personas con TLP -y que a menudo son muy intensas y se experimentan como fuera de control- no indican trastorno bipolar, forman parte del propio TLP y pueden mejorar notablemente con un tratamiento psicológico adecuado, mientras que el trastorno bipolar requiere ineludiblemente de una medicación estabilizante del ánimo que a menudo se ha de tomar de por vida. A veces hace falta observar la evolución y la respuesta a los tratamientos, para poder distinguir si la persona tiene un trastorno bipolar, un TLP, o las dos cosas.

Indudablemente, la mayoría de personas con diagnóstico de TLP toman psicofármacos en algún momento de su vida, y a veces crónicamente. Pero la diferencia con otras enfermedades mentales es que la medicación tiene un papel muy pequeño en la recuperación del TLP, resultando útil para mejorar algunos síntomas, como la impulsividad, o para tratar los trastornos comórbidos, cuando se dan, como la depresión mayor. En este sentido, no parece que podamos hablar del TLP como “enfermedad”, tal y como es comúnmente entendido este concepto. Por otro lado, como ya decíamos en otro post, aunque se ha identificado un conjunto de factores genéticos, neurofisiológicos y medioambientales que predisponen a sufrir TLP, no se han demostrado relaciones causa-efecto. Tampoco existen pruebas genéticas o de neuroimagen para su diagnóstico.

Como vemos, no es fácil “situar” el TLP en el contexto de las enfermedades mentales, ni se puede equiparar con otros trastornos de personalidad. En cualquier caso, lo que sí sabemos es que este nombre no hace referencia a rasgos inmutables, voluntariamente elegidos ni que formen parte de la esencia más íntima de la persona.

Sobre todo, es importante distinguir trastorno de persona. Por un lado, dos personas con diagnóstico de TLP pueden ser totalmente diferentes en su forma de ser. Por otro lado, cualquier persona es mucho más que un trastorno. Esto parece obvio, pero por desgracia no lo es tanto. Es habitual –al menos en entornos clínicos- escuchar la frase “soy TLP” o “es un TLP”; parece como “ser hipertenso” o “ser diabético”. En cierto sentido, podría existir un paralelismo, pero deberíamos cuidar el uso que hacemos del lenguaje, pues puede acarrear consecuencias nefastas. Podemos decir que una persona ha sido diagnosticada de TLP o tiene “tales” dificultades; pero su diagnóstico y sus dificultades nunca definen a la persona. La cuestión es que las personas normalmente no se identifican con sus enfermedades físicas: si a Pepe le diagnostican hipertensión, sigue siendo Pepe, aunque tenga que cuidar su dieta o tomar medicación porque es hipertenso. En cambio, una persona con TLP, en parte debido a sus dificultades nucleares (i.e. difusión de la identidad) y a menudo potenciado por su entorno (incluidos, muchas veces, los profesionales), acaba con frecuencia identificándose con su problema, definiéndose como “TLP” y olvidando que aunque “tenga un TLP”, ella es muchas más cosas, ante todo, persona humana, con sus necesidades, deseos, sueños, dificultades y también recursos.

Al fin y al cabo, el TLP es un constructo y no debería ser más que eso, algo que se ha “inventado” –eso sí, en base a la experiencia y estudios de muchos profesionales- para explicar un conjunto de problemas que suelen aparecer relacionados, y cuyo objetivo no es “definir” a nadie, sino ayudar a entender y a buscar soluciones.

2 comentarios:

  1. Yo considero que ninguno de los TP's son enfermedades, de hecho, yo no trabajo con diagnósticos. Por tanto me parece más bien una forma de comportarse.

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  2. Muchas gracias por tu aportación. Aunque en el artículo he intentado dar una visión completa y matizada, personalmente estoy bastante de acuerdo contigo: ni enfermedades ni forma de ser, en sentido estricto. En los hospitales te exigen trabajar con diagnósticos pero yo también cada vez los uso menos...

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